¿Qué es la Técnica Alexander?

Definición y Beneficios

Mi definición personal de la Técnica Alexander

La Técnica Alexander te invita a redescubrir tu cuerpo y tu manera de habitarlo. Aprenderás a reconocer los impulsos automáticos y a crear un pequeño espacio entre el estímulo y tu respuesta. En ese espacio nace la posibilidad de elegir: cómo moverte y cómo responder. Más que una técnica corporal, es un proceso de autoconocimiento y transformación que te ayuda a estar presente y en conexión contigo.
Técnica Alexander
Germana Gómez Técnica Alexander imagen
¿Qué es la Técnica Alexander?

La Técnica Alexander es un método de re-educación de los patrones inconscientes que condicionan nuestras respuestas, que busca mejorar la coordinación reduciendo la tensión innecesaria, tanto física como mental. El resultado es un estado de mayor equilibrio, calma y bienestar integral.

Con más de cien años de historia, está respaldada por estudios científicos y forma parte de los programas de grandes instituciones artísticas como: Royal Academy of Music (Londres), Conservatoire National Supérieur de Musique et de Danse (París), Hochschule für Musik Hanns-Eisler (Berlín), Universität für Musik und darstellende Kunst (Viena), The Juilliard School (Nueva York), Curtis Institute of Music (Filadelfia), entre muchas otras.

Beneficios de la Técnica Alexander
Descubre como esta práctica transformadora puede mejorar tu calidad de vida

Alivio del dolor

Reduce molestias crónicas de espalda, cuello y articulaciones identificando sus causas en tus patrones de movimiento

Mejor postura y equilibrio

Recupera la alineación natural de tu cuerpo sin forzar, liberando tensiones y mejorando tu presencia.

Libertad de movimiento

Muévete con mayor facilidad y fluidez en todas tus actividades diarias, profesionales o deportivas.

Respiración y voz más libres

Al liberar tensiones en cuello y tronco, tu respiración se vuelve más profunda y tu voz más resonante.

Germana Tecnica Alexander

Potencia tu rendimiento artístico

Especialmente beneficioso para músicos, actores y bailarines: mejora técnica, previene lesiones y aumenta expresividad.

Reducción del estrés

Aprende a responder con calma en lugar de reaccionar con tensión ante las demandas del día a día.

Olvida la “postura correcta” y recupera tu cuerpo

En lugar de esforzarnos por mantener una postura correcta, la Técnica Alexander nos propone conocer nuestro cuerpo y tener una experiencia nueva, la de notar cómo funciona una coordinación natural en nuestro organismo.

Cuando dejamos de interferir, el cuerpo sabe reorganizarse. Poniendo la atención en lo que hacemos sin darnos cuenta, en aquellas reacciones que están automatizadas, abrimos la posibilidad a un cambio. Los patrones inconscientes pasan a ser conscientes. Esa toma de consciencia es la base para construir nuestro bienestar.

El proceso requiere tiempo, tiempo para sentir e integrar, pero incluso una pequeña pausa antes de actuar puede abrir la puerta a una respuesta más libre.

No se trata de esforzarnos aún más, sino de aprender a dirigirnos en favor de nuestro equilibrio en relación con lo que queremos hacer.

Cuando nos atendemos de esta forma, recuperamos tiempo y espacio para ser y estar.

Cada postura está llena de movimiento.

¿Quién fue F.M. Alexander?

A lo largo del tiempo, la Técnica Alexander ha sido una aliada para personas de ámbitos muy distintos. Todo comenzó con su creador, el actor australiano Frederick Matthias Alexander (1869-1955). En sus inicios, Alexander se dedicaba a interpretar en voz alta textos de Shakespeare, pero su carrera se vio amenazada por un problema que parecía no tener solución: sufría una ronquera persistente que, en plena actuación, llegaba a quitarle la voz.

Decidido a entender qué estaba ocurriendo, Alexander se embarcó en una investigación profunda sobre sí mismo. Durante años observó su postura, su respiración y la forma en que usaba su cuerpo al recitar. Poco a poco, descubrió que la causa de su problema no era la voz en sí, sino ciertos hábitos corporales adquiridos casi sin darse cuenta. Al aprender a cambiar esos hábitos, logró recuperar su voz. Pero lo sorprendente fue que, además, pudo desarrollar un método para ayudar a otras personas a usar su cuerpo y su mente de forma más equilibrada y eficiente. Su proceso y conclusiones quedaron recogidos en su libro El uso de sí mismo, publicado en 1931.

La noticia no tardó en difundirse. Actores, médicos, artistas e intelectuales empezaron a acudir a él, curiosos por sus resultados. Entre sus alumnos encontramos nombres tan destacados como el dramaturgo George Bernard Shaw, el escritor Aldous Huxley, el filósofo John Dewey o el neurofisiólogo Sir Charles Sherrington, ganador del Premio Nobel de Medicina en 1932. También estudiaron con él el antropólogo y anatomista Raymond Dart, el biólogo G. E. Coghill y el investigador del comportamiento animal Nikolaas Tinbergen, que recibiría el Premio Nobel de Medicina en 1973.

De hecho, Tinbergen quedó tan impresionado por los beneficios de la Técnica Alexander, que dedicó buena parte de su discurso de aceptación del Nobel a hablar sobre ella. No sólo le ayudó a él, sino que animó también a su propia familia a practicarla.

Así, lo que comenzó como una búsqueda personal para recuperar la voz, se convirtió en una herramienta valiosa para muchas personas interesadas en mejorar la manera en que se mueven, respiran y se relacionan con su propio cuerpo en la vida cotidiana.

¿Qué sucede en una clase?

Recibir una clase de Técnica Alexander es regalarte un momento para volver a ti. Un espacio para detener el ritmo, escuchar y sentir.

En nuestra primera sesión exploraremos qué te trae hasta aquí, qué estás necesitando en este momento de tu camino. A partir de ahí, te acompañaré con movimientos suaves y atentos, utilizando mis manos y palabras como guía, con delicadeza y claridad.

Trabajaremos en camilla, en silla o en movimiento, según lo que resulte más adecuado para ti: caminar, sentarte, ponerte de pie… o incluso en alguna actividad que forme parte de tu día a día o de tu expresión personal, como tocar un instrumento, practicar yoga o sostener tu cámara.
Sesión a sesión irás notando cambios. Tu manera de habitar tu cuerpo se irá afinando, abriéndose, despertando.

Volverás a sentirte en tu eje, presente, disponible.

Un antes y un después que se construye desde la suavidad.

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